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1 de Agosto de 2018

Estamos haciendo historia

Mientras esperamos el dictamen de las comisiones del Senado sobre la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, es un buen día para recordar algunos datos sobre los que no solemos poner atención.

Hoy, mientras esperamos el dictamen de las comisiones del Senado sobre la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, es un buen día para recordar algunos datos sobre los que no solemos poner atención.
Argentina fue uno de los primeros países del mundo en controlar la natalidad:
 en 1895 el índice de fecundidad era de 7 descendientes por mujer;
 para 1914 ya había disminuido a 5,3;
 en la década del 50 rondaba los 3,2;
 y desde entonces no ha dejado de descender: en la actualidad está apenas sobre el índice necesario para el recambio generacional (2 hijos por mujer):
En 2001 fue de 2,5 hijos por mujer
2005: 2,24
2010: 2,19
2015: 2,11
Si indagamos un poco más allá de los promedios, constataremos que la cantidad de descendientes por mujer a fines del siglo XIX y principios del XX no estaba homogéneamente distribuida. La tasa de fecundidad en zonas rurales era significativamente más alta que en las zonas urbanas, donde las mujeres migrantes fueron el factor determinante en la limitación de la cantidad de hijos y en la aceleración de la expansión de las capas medias como resultado de su inserción en el mundo del trabajo: eran pobres, estaban lejos de sus países o provincias de origen, necesitaban trabajar, y más hijos significaban más bocas que alimentar, a diferencia de lo que sucedía en el campo donde más hijos garantizaban más fuerza de trabajo.
¿Cómo lograron limitar su fecundidad, si los condones de látex recién aparecieron en los años 20 y las pastillas anticonceptivas no salieron al mercado sino hasta la década de los 60 (Siglo XX)? Además, no era fácil acceder a ellas, e incluso en 1974 fue prohibida su venta libre por decreto (que disponía el control de la comercialización y la venta de productos anticonceptivos por medio de la presentación de una receta por triplicado y la prohibición de desarrollar actividades relacionadas directa o indirectamente con el control de la natalidad).
La evolución de los índices de fecundidad nos señalan que todo esto no fue obstáculo para un descenso que se inició mucho antes de la aparición de estos métodos de control y continuó a pesar de las dificultades para su acceso.
¿Cuál sería el método al que recurrían las mujeres en tiempos de nuestras madres, abuelas y bisabuelas? Muchas de nosotras los conocemos por historias familiares: historias que circulan en voz baja, entre mujeres, y constituyen secretos que cargan con el peso de lo clandestino a la vez que de develan que es posible la transgresión al mandato de la maternidad como destino.

Volvamos a la actualidad, y veamos cómo se verifica tal dispersión de índices entre distintas provincias de nuestro país:
 En 2001, el índice global de fecundidad en Argentina fue de 2,5 hijos por mujer
 En Ciudad de Bs As 1,84
 Pcia de Buenos Aires: 2,31
 Misiones: 3,42
 En 2015, el índice global de fecundidad en Argentina fue de 2,11 hijos por mujer
 CABA: 1,57
 Bs As: 1,97
 Misiones: 2,91

Sin embargo, y a pesar de que desde la recuperación de la democracia ya habíamos comenzado a hablar de “Derechos Reproductivos”, las cosas siguen sin ser fáciles.

 En 1966 se fundó la Asociación Argentina de Protección Familiar, financiada por International Planned Parenthood Federation (IPPF), que en ese momento había empezado a apoyar la creación de filiales en América latina, y para la misma época las abrió en Brasil, Uruguay, México, entre otros países. La Asociación Argentina de Protección Familiar se fundaba con el objetivo de reunir médicos de distintos lugares (Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires) que trabajaban en planificación familiar en hospitales públicos. Es interesante destacar que llamarse de “Protección Familiar” estaba marcando que la anticoncepción no era pensada como sinónimo de liberación ni de derechos sexuales, sino que se la pensaba y se la insertaba en el marco de la familia: se partía de la convicción de que el hijo no deseado iba a ser un hijo infeliz, y por lo tanto el acento no estaba puesto en la mujer, sino en la familia, en cómo los hijos van a ser buscados, y cómo van a ser más felices. De hecho, el logo de la AAPF es un nene, una nena y un bebé: representan los tres hijos que se suponía que tenían quienes planifican su familia.
El gran cambio sucedió en los ‘80, cuando se empezó a hablar de derechos sexuales y reproductivos. Durante todo ese tiempo, la concepción con que fue creada y que abrigó a la Asociación desprotegió a las mujeres solteras, y sobre todo a las adolescentes: la mayoría de las mujeres (en un porcentaje casi excluyente) que recibían su atención y usaban pastillas anticonceptivas estaban casadas. Para el resto, sólo quedaba la confianza en la exclusiva protección profiláctica y anticonceptiva del compañero sexual, en caso de que la llevara consigo y de que accediera a usarla (el patriarcado -aún hoy- rige hasta en las carteras de muchas ¡muchísimas! mujeres).

 Recién en 2002 fue sancionada la Ley Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable. Roberto Nicholson (el médico que había llevado adelante el primer programa de planificación familiar en la Isla Maciel, en 1961, ex titular de ginecología en la Facultad de Medicina de la UBA y del Salvador y católico militante) se enteró de que la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires (SOGIBA) estaba en contra de la Ley. Fue a una sesión académica de la entidad, donde en su exposición se lamentó de que habiendo ido a esa misma sociedad en 1964 a presentar su primer trabajo sobre la píldora, tuviera que volver cuarenta años después para defenderla nuevamente. El vicepresidente de aquel momento, Jorge Firpo, entre otros argumentos, le respondió citando la encíclica Humanae Vitae.

 En 2004, en la revista de esa misma Sociedad de Ginecología y Obstetricia de Buenos Aires (SOGIBA) se publicaron datos del Censo 2001 para decir: “Miren qué pocos somos”. Una vez más se posicionaba contra el control de la natalidad.

 En 2006, cuando se debatió la legalización de la anticoncepción quirúrgica, en la discusión parlamentaria se habló de Robert McNamara, que era el presidente del Banco Mundial y uno de los que fomentaban en la década del ‘60 desde Estados Unidos el control demográfico. También se mencionó a Henry Kissinger: el argumento era que el control de la natalidad era un programa del imperialismo para reducir la natalidad de los países periféricos y así lograr dominarlos, como si nuestros úteros fuesen el lugar de gestación de la independencia económica y la soberanía política, y no las políticas orientadas por un modelo de país justo, libre, soberano, e inclusivo.


 Ese mismo año 2006 se sancionó y promulgó la Ley de Educación Sexual Integral. Durante su debate, grupos ultracatólicos atacaron a piedrazos al Congreso y a la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. A pesar de su obligatoriedad, la ley no es aplicada en muchas provincias y, en las provincias donde sí se lo hace, no se aplica en todas las escuelas ni lo hacen todos los docentes.

 Entre los argumentos actuales de quienes están en contra de la aprobación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, nuevamente hemos visto aparecer acusaciones contra la International Planned Parenthood Federation (IPPF) de estar financiando a "grupos abortistas" por su supuesto interés en fomentar abortos para la obtención de restos fetales (con fines que van desde el tráfico a efectos de trasplantes de cerebro hasta su uso para cosmética).

Los argumentos contra la interrupción voluntaria del embarazo son muchos y variados, desde los más respetables hasta los francamente delirantes.
Lo cierto es que en Argentina venimos limitando la cantidad de hijos que deseamos tener hace mucho más de 100 años.
Ya es hora de que les gestantes que no quieren continuar con su embarazo, dejen de hacerlo clandestinamente, poniendo sus vidas, su salud, y su capacidad reproductiva en riesgo.
Ya es hora de que podamos vivir nuestra sexualidad libremente, con pleno goce de nuestros derechos, sin pedir disculpas por hacerlo.

No exigimos mucho. Pero lo exigimos con convicción y con fuerza:
Educación Sexual Integral para decidir.
Anticonceptivos para no abortar.
Aborto legal, seguro y gratuito para no morir.

Viviana Taylor
Educación y Territorio San Miguel
https://www.facebook.com/EducacionYTerritorioSanMiguel/

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